• Federico Ulloa

Qué hacer para sobreponerse como una verdadera campeona

Actualizado: jul 21



Marcela es nuestra socia y amiga; además, se ha convertido en una inspiración, un ejemplo de resiliencia. En esta ocasión queremos compartirles, en sus palabras, cómo vive su historia, las enseñanzas que nos regala y las razones que tenemos para admirarla.

Llevo más de 5 años de lucha contra un cáncer de ovario muy agresivo. Me he sometido a todo tipo de tratamientos médicos y continúo peleando, porque sigue atacándome cada vez más.

Durante estos años las personas que me rodean siempre me han dicho que soy resiliente, por eso quiero compartir con ustedes mi visión acerca de cómo tener un buen nivel de resiliencia nos ayuda en ese duro camino para salir adelante de situaciones desafortunadas.

Me enfoqué en buscar soluciones desde que me dieron la noticia y en encontrar tratamientos que me ayudaran en el proceso de cura o de mejoría.

No había tiempo para sentirme víctima, ni para pensar: ¿por qué yo?, ni si quiera si la vida es injusta. Esos pensamientos nunca pasan por mi cabeza. No les doy cabida. Simplemente, la enfermedad es un hecho que ocurrió y así lo acepté desde el principio. Puede ser mi mecanismo de defensa, pero siempre busco salidas, busco acción, nunca me quejo.

Para mí quejarse es una pérdida de tiempo que no sirve y me quita la energía que necesito para poder luchar. Así que los invito a no considerarse víctimas cuando pasen por una situación de crisis. Bloqueen de su mente este tipo de pensamientos y les va a permitir revisar la situación con mayor claridad.

Vivir el momento a plenitud. Es común que hablen de la importancia de vivir el momento; estamos invadidos de frases, videos y situaciones que tratan de ilustrarlo… Yo pensé que lo hacía.

Siempre he vivido la vida plenamente, con mucha pasión por lo que hago y aunque antes pensaba que disfrutaba del día a día, lo asimilé cuando reflexioné: ¿qué es lo peor que puede pasar? En este caso sería la muerte.

Aunque todos decimos que nos podemos morir en cualquier momento, lo interiorizamos realmente cuando la muerte se vuelve más tangible. Cuando imaginas la posibilidad de no estar cuando tu hijo tenga su primera novia, se vaya a graduar, se vaya a casar, para las próximas vacaciones, el cambio de trabajo de tu esposo, el siguiente cumpleaños de tu mamá, etc.

No estar mañana te genera un “cambio mental” para entender qué significa disfrutar del ahora y cada momento a plenitud con todos sus pequeños detalles.

Es un cambio dentro de ti difícil de explicar, que le da valor a cosas que antes pasaban desapercibidas; es sutil, pero muy poderoso.

Aunque es muy duro enfrentar esa situación, es un privilegio vivir esos extremos para poder digerir ese concepto. Estoy segura de que, si cada uno de nosotros comprendiera en toda su magnitud qué significa vivir el ahora a plenitud, el mundo sería diferente para bien.

Primero, dentro de mí, empecé a pensar que morir era una posibilidad real y a explorar qué sentía. Al principio sentí mucha tristeza de pensar que no iba a compartir con mis seres queridos, me invadía un vacío enorme.

Posteriormente, reflexioné cómo había vivido, afortunadamente me dio tranquilidad. Haciendo un rápido balance me sentía muy contenta con mi vida; en el plano profesional me consideraba exitosa y a pesar de las situaciones complejas en el camino logré convertirlas en oportunidades.

A nivel personal, también estaba rodeada de una familia espectacular, con un esposo e hijos muy unidos; aunque eso no quiere decir que todo fuera color de rosa, pudimos superar situaciones complicadas juntos. También contaba con muchos amigos de verdad a mi alrededor. En definitiva, sentía que había dejado huella en las personas con las que había trabajado, en mi familia y con mis amigos.

También pude ver que, escondido en la frase “Yo soy así”, daba más importancia de la que merecían algunas cosas, que tenía comportamientos que podían herir a las personas. Que no tiene sentido “ganar” en una discusión si la otra persona se sentía mal; que siempre hay que tener tiempo para un saludo, para reconocer a las personas…

Con esta consciencia y al ver la vida diferente, contemplé la posibilidad de morir como algo que no fuera tan malo para mí. Sin embargo, iba a dar todo de mí para luchar y seguir adelante y “comprar” más tiempo con las personas queridas.

Es triste que al entender lo valioso de “vivir el momento” no vaya a tener el tiempo para aprovechar esta nueva visión de las cosas. Con este cristal que magnifica y hace valioso cada pequeño detalle, con la necesidad de rodearnos completamente de buenas relaciones, que dejen huella.

Otro momento importante en esta lucha constante es aprender a aceptar que estaba enferma y, sin importar mi positivismo o mi fortaleza, mi cuerpo estaba débil y debía expresarlo.

Esa no fue una lección muy fácil porque mostrar debilidad era sentirme derrotada. Pero es lo contrario: cuando reconocí los momentos de dolor, cansancio, debilidad, desasosiego, se produjo una sensación de tranquilidad que me ayudó en todo el tratamiento.

A partir de ese reconocimiento, aprendí a renunciar a lo que tradicionalmente hacía, a

no planear y a vivir cada día de la mejor manera posible. Así que hablé con las personas que me rodean: familia, amigos, socios, y les comenté que realmente estaba incapacitada y que iba a atender cosas laborales y familiares en la medida de lo posible y día a día.

Aunque al principio sentí culpa porque parecía que me dejaba vencer, esa libertad me permitió sentirme más tranquila y bajar el estrés para afrontar la lucha con toda mi energía. Es increíble, pero hasta ese momento no había notado que vivimos en función de los demás y llenos de compromisos.

Por otro lado, una estrategia que me ayuda mucho a reforzar la resiliencia en momentos de crisis es practicar ejercicios de relajación, meditación, respiración. En mi caso, el Chikung ha sido la herramienta para fortalecer mi mente y que me ha dado energía. No ha sido fácil, como soy tan pragmática y nunca lo había intentado, lograr la concentración necesaria y los resultados, ha sido un reto. Es algo que practico diariamente y estoy en proceso continuo de mejora.

He logrado sobrevivir estos años, duros por todo lo que he vivido entre tratamientos de quimioterapias, cirugías, infecciones, oclusiones, ileostomía permanente y con muchos tratamientos que me han puesto a prueba.

Pero también han sido vividos intensamente, disfrutando de todos los momentos y muy agradecida de tener la oportunidad de cada momento, cada viaje, cada reunión, cada compartir disfrutando al máximo. Especialmente, me he ganado poder compartir muchísimas experiencias adicionales con mis hijos, mi esposo y mi familia.

Seguir creando nuevos recuerdos y experiencias con amigos muy especiales. Seguir sintiendo el cariño de la gente que siempre está dispuesta a apoyarme. Tener la capacidad de disfrutarlos hace la diferencia para continuar en la lucha.

¿Se imaginan todo lo que me habría perdido si en lugar de haberlos vivido así, lo único que hubiera hecho fuera sentirme víctima, ver solamente lo malo, quejarme constantemente, pensar sólo en los tratamientos tan fuertes que he tenido y renegar de Dios?

Yo era la única que podía tomar la decisión de cómo afrontar el tema y con resiliencia he logrado vivir 5 años más, maravillosos, que agradezco todos los días.


Marcela Chaves


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