• Federico Ulloa

Cuál es la mejor forma de convertir la adaptabilidad en el turbo de tu resiliencia

Nuestra vida estaba llena de cambios antes de la pandemia de 2020; cuando reflexionamos sobre la rapidez con la que sucedían, empezábamos a sentirlos cada vez más frecuentes e importantes. Después de esta situación los cambios parecen más un estado que un momento, el entorno se encargó de mantener una transformación constante y necesitamos adaptarnos para evitar sentirnos abrumados, presionados y desgastados.


Esta evolución nos hace imaginarnos nuevas realidades, procesos, sistemas, tecnologías. Implica, además, ajustarnos en la cotidianidad, crear nuevas rutinas, aprender de otra forma, hacer seguimiento distinto, relacionarnos diferente, crear confianza y afrontar nuevas situaciones que ni siquiera soñábamos.


Por lo tanto, si el cambio es un estado y muchos aspectos de nuestra vida no van a ser iguales, necesitamos entender qué es la adaptabilidad y cómo desarrollarla.


La adaptabilidad es la capacidad de aceptar los cambios rápidamente y ajustar la forma de hacer las cosas para mantener un buen desempeño, lograr los resultados y seguir adelante.


La adaptabilidad es un combustible de la resiliencia


Es determinante en la agilidad para lograr transformaciones y para reducir o manejar las emociones negativas que surgen al afrontar un cambio, una situación adversa o una gran fuente de estrés. Además de adaptabilidad necesitamos optimismo, perseverancia, tolerancia a la incertidumbre, manejar las emociones y fortalecer relaciones para ser más resilientes.


Cuando percibimos una situación como peligrosa olvidamos que los seres humanos estamos hechos para cambiar y evolucionar. Si logramos ver más allá del peligro y conectar lo que sucede con nuestros propósitos, hallaremos la motivación necesaria y la podremos usar como recurso para desarrollar nuestra resiliencia.


Este es un aspecto fundamental que nos permite convertirnos en agentes de cambio, asimilar y comprometernos más rápidamente con la nueva realidad. Gracias a esto podremos aprovechar la transformación, aprender de ella y disfrutar ese proceso para crecer y desarrollarnos.


Decidir hacer algo diferente implica una fuerte motivación y exige adaptar pensamientos y comportamientos.


Desarrollar un pensamiento elástico fortalece la adaptabilidad


Pensar de manera lógica nos ayuda a ordenar, estructurar y planear; la adaptabilidad nos exige incrementar la flexibilidad para crear “nuevas lógicas” y liberar al cerebro de usar siempre los mismos parámetros, pasos y configuraciones, de esta manera se desarrolla un pensamiento elástico. Algunos ejemplos de acciones para lograrlo son:


  • Interactuar con otras culturas o aprender un nuevo idioma, reconocer y aceptar perspectivas diferentes.

  • Identificar algo para aprender. Tener el rol de aprendiz estimula descubrir, cuestionar, experimentar y genera conexiones inesperadas de nuestras ideas. Desde una habilidad técnica, pasando por alguna aplicación en el smartphone, hasta una manualidad, o hobbies como cocinar, pintar o bailar también nos da seguridad y satisfacción.

  • Cambiar las rutinas para hacer las actividades cotidianas, como la manera de organizar los espacios en la casa, la decoración o usar la mano no dominante para cepillarse los dientes.


Gracias a romper viejos paradigmas y abrir la mente incrementamos nuestra tolerancia al fracaso, nuestra creatividad y capacidad de solución de problemas.


Recibir y pedir retroalimentación con frecuencia nos ayuda a crecer


Recibir la retroalimentación como un regalo genera importantes oportunidades para el desarrollo personal. Uno de los comportamientos que necesitamos es la escucha activa, sin interrumpir ni juzgar lo que los demás tienen que decir, incluso cuando no sean asertivos, vale la pena preguntarse: “¿De qué manera puedo usar lo que me dicen para ser mejor?”


Podemos usar 4 pasos para adaptarnos a una situación


1. Identificar motivos que nos impiden adaptarnos.


Reflexionar cuestionando supuestos, paradigmas y validando preocupaciones permite evitar la negación o las justificaciones para no cambiar. Por ejemplo, en lugar de pensar que no somos buenos para la tecnología (o cualquier otra cosa), reconocer que nos preocupa perder la información de una aplicación en el smartphone.


2. Movilizarse al cambio.

Aunque siempre es más fácil decirlo, hay acciones que ayudan a ponerlo en práctica:

  • Explorar y aceptar nuevas formas de hacer las cosas; escuchar opiniones de otros para ver diferentes perspectivas y enriquecer soluciones.

  • Enfocarse en el resultado para usar nuestra energía en avanzar.

  • Tomar distancia de la situación. Cuando nos sentimos enredados conviene cambiar de actividad o tomar una postura de observadores externos. Es una situación similar a la que se presenta cuando armamos un rompecabezas y no encontramos una ficha. Tomamos distancia, hacemos una actividad diferente y después descubrimos la solución que nos hacía falta para desbloquearnos.

  • Buscar una respuesta ilógica. Estimular la creatividad pensando en soluciones o acciones no secuenciales o estructuradas. Una forma de lograrlo es pensar que tenemos recursos ilimitados para resolver la situación.

3. Recompensarse por cambiar.


Celebrar, asombrarse y comunicar los pequeños logros activa las dopaminas del cerebro, modificando nuestro sistema de recompensas. Como consecuencia, reducimos el rechazo a los cambios y ganamos energía para continuar con la transformación.


4. Ser quien propone los cambios.

Con esto nos convertimos en la persona más comprometida con el proceso. Además, podemos agregarle flexibilidad y escucha, para enriquecer tanto acciones como soluciones a imprevistos


Cinco cosas que debemos evitar para mejorar nuestra adaptabilidad


  1. Creer que resignarnos es lo mismo que adaptarnos. La resignación está asociada con culpas y sentencias, mientras que la adaptación implica aceptar las realidades que no podemos cambiar y tomarlas como oportunidades para aprender y crecer.

  2. Ser el llanero solitario y creer que estamos solos contra el mundo. Contar con otras personas nos ayuda a expresar nuestras preocupaciones y sentirnos apoyados.

  3. Enfocarse solamente en lo negativo y en las pérdidas. Para adaptarnos, identificamos lo positivo de la situación y las ganancias manteniendo una visión realista y optimista

  4. Forzar a los demás para que hagan lo que queremos o pensamos sin importar cómo se sientan. Por el contrario, aceptar que hay perspectivas diferentes e involucrar a otros para enriquecer soluciones.

  5. Desgastarnos pensando cómo cambiar lo que está fuera de nuestro alcance. En lugar de esto, reconozcamos que no podemos controlar la realidad externa.


En resumen, para ser resilientes necesitamos desarrollar nuestra adaptabilidad. Se logra reemplazando los temores por la conexión con nuestras motivaciones. Además, siendo más flexibles en nuestros pensamientos y mejores a partir de la retroalimentación.


Adicionalmente, siguiendo varios pasos nos adaptamos más rápidamente a las circunstancias que se presentan en la vida. No hace falta esperar otra pandemia, para hacer ajustes que nos faciliten disfrutar del día a día a partir de pequeñas adaptaciones.


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